4 preguntas fundamentales si tienes niños y vives la Navidad. Escuela Estratégica de Padres

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En esta entrada vamos a intentar responder algunas preguntas que los padres se plantean en estas fechas y que solemos responder en los coaching para padres y madres. Los padres debemos de estar en formación continua para poder educar correctamente a nuestros hijos. Las cuestiones van a ser los siguientes: 1) ¿Los niños de padres separados viven igual las navidades?, 2) ¿La navidad propicia o empeora ciertos trastornos psicológicos? y por último, 3) ¿Cómo hacer si los niños se frustran si no obtienen los regalos que pedían? 4) ¿Cómo y cuándo desvelar a los niños el secreto de la navidad (los reyes magos son…).

 1. Después de un divorcio… ¿los niños vivirán igual la Navidad?

 

Antes de responder, echen la vista atrás y reflexionen sobre cómo vivían la Navidad cuando estaban juntos. Pese a que la sociedad nos imponga vivir de una determinada manera esta época del año, no todos la experimentamos igual, y, como decía John F. Kennedy, si no podemos poner fin a nuestras diferencias, contribuyamos a que el mundo sea un lugar apto para ellas. Hay muchas maneras de vivir la Navidad, lo importante es que, sea cual sea nuestra percepción, nos sintamos cómodos con ella. Lo que hace que se mantenga ese sentimiento, son nuestras costumbres familiares. Estas tradiciones pueden cambiar después de un divorcio, sea porque un miembro de la pareja ya no participa, o porque se eliminan y se crean nuevas, pero esta transición no tiene por qué experimentarse como algo negativo. Un divorcio es un proceso que no solamente puede afectar a la Navidad, sino otras épocas del año, y por ello, no implica que esta época se viva peor que el resto. ¿De qué dependerá entonces que los niños continúen con las mismas experiencias? Del modelo de relación que les demostremos. Es decir, si lo que les enseñamos es discordia, parcialidad, síndrome de alineación parental, etc. los niños sufrirán psicológicamente debido a esa carga. Seguramente sentirán el corazón roto, y entrará en juego la comparación con los demás iguales.

2. ¿La Navidad puede propiciar o agravar trastornos psicológicos de los niños?

 En el mundo adulto en un anterior artículo explicamos los 6 perfiles perfiles de personas que tienen tendencia a sufrir más en navidad. Hoy nos centraremos en los pequeños de la casa.

Si regalamos juegos demasiado estimulantes, tabletas, smartphones, videojuegos, etc, estaremos disminuyendo su capacidad de atención. Hoy en día hay una grave crisis de la atención en los niños y los estudios apuntan a un abuso de exposición a las pantallas. Así pues,  todo esto puede propiciar el etiquetaje del Trastorno por déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) o Trastornos del Espectro Autista (TEA), o incluso favorecer o empeorar la fobia social. Además, el contacto constante con estos aparatos, puede agravar el Trastorno de Control de Impulsos, entre los que pueden encontrarse la adicción a internet, a las tabletas, etc. o las compras compulsivas. Las largas listas de juguetes y la espera hasta poder tenerlos, pueden crear mucha ansiedad en aquellos niños que necesitan tenerlo todo controlado y dar paso así a trastornos obsesivos, siendo alimentados por la incertidumbre de si tendrán lo que han pedido y el malestar que puede generarles el tiempo de espera.

A demás, de igual manera que ocurre en el mundo de los adultos, la Navidad puede ser una época en la que el desconsuelo, la pena y la melancolía puedan manifestarse o agravarse, sobretodo si se encuentran en un proceso de duelo por la pérdida de algún familiar, amigo, ser amado, ya que, como decía Charles Dickens, el recuerdo, como una vela, brilla más en Navidad.

Es importante añadir que esta época del año puede ser muy difícil para todos aquellos que sufren trastornos de alimentación, debido a las grandes ingestas de comida y la preocupación constante por miedo a engordar.

3. Abriendo paquetes como si se tratara de una línea de producción y, en vez de sonrisas… ¡¿rabietas?!

 

Sería excelente que nos anticipáramos al exceso de regalos, ya que, definitivamente, con los pequeños, menos, es más. Pero, ¿qué pasa si nos ha atrapado el “espíritu navideño” y hemos invadido la casa de paquetes? o, ¿qué podemos hacer cuándo algún familiar le hace un regalo no adecuado a su edad o que no encaje con nuestros valores (por ejemplo: una pistola de juguete, videojuegos de alto contenido violento…)? No debemos olvidar de que, como progenitores, nuestra mayordomía incluye filtrar ciertos contenidos que consideremos no ser beneficiosos para los niños. Por tanto, podríamos buscar una forma de guardarlos, devolverlos o buscarles un uso apropiado, mediante una constante comunicación – en momentos adecuados – con ellos para que comprendan los motivos.

Entonces… ¿qué pasará si no le traen el regalo que más esperaba o todos los que pidió? Debería no recibir todos los que demanda, y para evitar la ansiedad o la frustración, de nuevo, sería aconsejable adelantarnos a ello. Tenemos que hacernos expertos en preguntar y hacerles a ellos expertos en reflexionar. Podemos ayudarlos cuando hagan lista de juguetes, acompañándolos en el proceso de elección de los que sean apropiados, prohibiendo pedir algunos (con explicaciones breves) y poniendo fronteras más o menos creativas, pero tratando de ser lo más realistas posibles. Podríamos, por ejemplo, decirles que a Papá Noel no le caben tantos regalos en el trineo o que sabe que no te va a dar tiempo a poder jugar con todos y sería mejor esperar al año que viene para pedir los demás.

4. ¿Cuándo llegará el momento más temido? Los Reyes magos son…

 

El ambiente, la cultura, los países y la personalidad de los niños son muy diversos, por tanto, es diferente en cada región. El momento llegará por si solo, nosotros veremos esos indicios que nos señalarán que ha llegado la ocasión para tener “esa conversación” con nuestros hijos. Es esencial que hallemos la forma de mantener viva la emoción, la magia, ya que, como Salsustio en el siglo I a. C. decía, que no sucediera, no significa que no sea importante.

Pese a la diversidad de cada niño, aproximadamente, podríamos aguardar hasta los 8-9 años, si las circunstancias lo permiten, que se verán afectadas en gran manera por el grupo de iguales con el que se relacione. No obstante, es importante que no se sienta aislado en su grupo defendiendo algo mágico. Debemos comprender que cada niño tiene su propio proceso de maduración, que todo tiene su momento, y que, como padres, debemos acompañarlos y estar siempre dispuestos para iniciar un diálogo.

 

Alicia González. Psicóloga en prácticas del Centro de Terapia Breve Estratégica de Barcelona. Especialista en Psicología Infantil.

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