El Miedo a equivocarse, un obstáculo frecuente en la toma de decisiones: aprende a gestionarlo

chica gritando
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“No son los hechos en sí los que perturban a los hombres, sino los juicios que los hombres formulan sobre los hechos”. – Epicteto.

Vivimos una época en la que muchos proyectos de vida, de planes de corto o medio plazo se pararon o incluso se cancelaron por causa de los efectos de la pandemia. Muchas personas se han visto, y todavía se ven afectadas por los cambios en los mercados laborales, las estructuras familiares, el funcionamiento escolar o universitario, así como de manera general por los impactos a nivel psicológico, social y cultural. Tantas personas se han visto obligadas a cambiar sus planes de vida, encontrar nuevas formas para vivir y donde vivir de la mejor manera posible y, por lo tanto afrontar una variedad de decisiones que hace algún tiempo atrás ni siquiera se imaginaron que tuvieran que planteárselas.

Tomar decisiones, aunque sea un acto que todos realizamos a diario en múltiples ocasiones, puede convertirse en un verdadero desafio, a veces incluso en una autentica pesadilla. Lo que contribuye a complicar el acto de decidir son entre otros aspectos los diferentes miedos asociados a las posibles consecuencias e implicaciones derivadas de una decisión.

Una forma bastante frecuente de miedo ante la toma de decisión es el miedo a equivocarse. Este miedo se puede fácilmente transformar en un terror a cometer un error de cálculo o a contribuir a paralizar tanto las capacidades decisivas de la persona que no logrará a decidir a tiempo, y a alimentar la aparición de una espiral de dudas en la cual uno se pierde fácilmente.

Al mismo tiempo, es a través de nuestras decisiones que nos posicionamos como actores responsables de nuestra propia existencia y de la de estas personas que dependen de nosotros. Como se entenderá de esta gran responsabilidad derivan también los miedos asociados al acto de elegir la mejor opción entre varias posibles.

Cuanto más importante se perciben las consecuencias, más difícil puede ser llegar a una conclusión y elegir. Elegir es un acto que siempre significa pronunciarse a la vez a favor de una cosa y en contra de otra y actuar en consecuencia.

Etimológicamente la palabra “decidir” procede del latín “decidere” y significa cortar y resolver. La RAE precisa además que se trata de:

  • Formar juicio resolutorio sobre algo dudoso o contestable
  • Formar el propósito de hacer algo, tras una reflexión
  • Determinar el resultado de algo

Según el grado de importancia, de urgencia o del carácter más o menos crucial, cada decisión implica por lo tanto gestionar a “la triada psicológica fundamental”, que relaciona cada individuo consigo mismo, con los demás y con el mundo. Es decir a gestionar a nuestras cogniciones, nuestros comportamientos y nuestras emociones, en particular a nuestros miedos y temores. Si éstas no se gestionan de manera adecuada pueden llegar a paralizar a la persona, haciendo por lo tanto imposible dar el más mínimo paso en cualquier dirección, incluso ante decisiones triviales como puede ser elegir entre varios productos en el supermercado. También contribuye a desarrollar a largo plazo diferentes trastornos de ansiedad, trastornos obsesivos compulsivos, provocar ataques de pánico o verdaderos cuadros depresivos.

Imaginen tener que decidir a quienes despedir por causa de las crisis entre sus compañeros fieles y de confianza, decidir si seguir o no con un embarazo no deseado bajo circunstancias poco favorables para poder educar a este hijo como se hubiera deseado; tener que elegir algunas personas entre miles que se pueden beneficiar de un tratamiento eficaz y, por lo tanto, tener que rechazar a muchos otros que cumplen igualmente los criterios; tener que elegir a qué civiles se evacua de una zona de guerra y a quienes se tiene que dejar atrás; o al que debe escoger entre diferentes propuestas laborales todas prometedoras de éxito personal y laboral pero implicando cambios de vida importantes…

Aunque distintas, todas tienen en común el carácter irrevocable de la elección. El hecho de disponer de un solo intento dispara el miedo a equivocarse dado que se tiene que vivir con las consecuencias de esta decisión.

Curiosamente vemos que el que tiene que decidir entre varias ofertas de trabajo puede sufrir más que el que debe asumir la responsabilidad de la vida o la muerte.

¿Cómo se puede explicar que decidir parece más fácil para algunos y casi insuperable para otros y esto independientemente de las características objetivas de la situación?

La diferencia reside en el grado de preparación de ambos para valorar las diferentes opciones y para gestionar las emociones derivadas y disparadas por la toma de decisión.

Lo que convierte entonces el miedo a equivocarse en una autentica pesadilla no es la situación objetiva, sino cómo está percibida por la persona que debe elegir. Dado que “la percepción está en la mente de quien observa”, ésta depende de las características personales, del modo de actuar en el mundo y de las capacidades adquiridas a lo largo de la trayectoria personal o profesional.

Claves para gestionar el miedo a equivocarse a la hora de tomar una decisión:

“Construimos lo que después sufrimos”

Desde la Terapia Breve Estratégica se han identificado varias formas de gestionar el miedo a equivocarse, entre las más invalidantes a largo plazo se encuentran la evitación y la delegación del acto de decidir. Los efectos son realmente funestos para el individuo que los practica con regularidad dado que cuanto más se evita lo que se teme, más se contribuye a convertir el miedo en temor y el temor en pánico.

La manera de gestionar el miedo es entonces una de las claves para seguir siendo actor de nuestra vida y quién habla de miedo, habla también de valentía dado que “Solo quien ha tenido miedo puede ser valiente; lo demás es únicamente inconsciencia” dice Nardone. Sin embargo cabe destacar que la valentía es el resultado de la superación victoriosa del miedo, no de su eliminación. La diferencia entre un valiente y un miedoso estriba en el hecho de que el primero acepta el miedo y lo gestiona, mientras que el segundo no lo acepta y lo sufre.

Tres formas sintomáticas respecto a la gestión del miedo frente a la toma de decisión

  1. Forma leve: Indecisión constante, tiempos de reacción prolongados, búsqueda de apoyo en los demás, ansiedad elevada antes de decidir, angustia excesiva mientras se esperan los resultados de las elecciones hechas.
  2. Forma media: Indecisión que limita la eficiencia profesional y personal, tiempos dilatados antes de actuar y, en casos críticos incapacidad para decidir; delegación de la responsabilidad en los demás, ansiedad constante y elevada, angustia no sólo concerniente a los efectos de las elecciones llevadas a cabo, sino también a la pérdida del propio papel.
  3. Forma severa: Bloqueo de los procesos de toma de decisión, invalidación total, elusión o rehuida de la condición de tener que decidir, delegación o búsqueda de seguridad, ataques de pánico y episodios depresivos.

Si te reconoces en una de las tres formas de actuar frente al miedo a equivocarte, en el Centro Júlia Pascual te acompañamos para identificar y superar poco a poco éstas psicotrampas (Nardone 2014), es decir las limitaciones cognitivas, emocionales y de comportamiento que te impiden elegir de verdad.

En el Centro de psicología de Terapia Breve Estratégica de Barcelona somos especialistas en Terapia Breve Estratégica y te podemos ayudar a tomar esa decisión que resulta ser un desafío para ti. No decidiremos por ti porque eso no solo no te ayudaría sino que te debilita, pero sí que te aportaremos las herramientas psicológicas necesarias para que por fin puedas decidir de la forma más segura.

Extraído del libro Nardone, G.(2016). El miedo a decidir. Cómo tener el valor de elegir. Barcelona: Paidós Divulgación

Katrin Müller, Psicóloga alemana en Barcelona, especialista en Terapia Breve Estratégica

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