Cómo elegir psicólogo: 5 criterios para acertar

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«Un psicólogo te puede cambiar la vida. ¡Elige bien!» J.Pascual

A nuestra consulta llegan a menudo personas que ya han pasado antes por terapia y salieron con la sensación de no haber avanzado. En muchos casos el problema no fue el profesional, sino que nadie les explicó al empezar qué iban a hacer, cuánto podía durar ni cómo sabrían si estaba funcionando.

Elegir psicólogo se parece poco a elegir cualquier otro servicio: cuesta saber qué preguntar y el momento en el que buscas suele ser el peor momento para comparar con calma. Por eso he reunido cinco criterios concretos y comprobables que puedes usar antes de la primera cita, y una reflexión final sobre una figura que creo que nos falta: la del psicólogo de cabecera o de familia.

5 criterios para elegir psicólogo

  1. Comprueba la colegiación y la habilitación sanitaria. Para ejercer psicología sanitaria en España no basta con estar graduado o licenciado en Psicología: el profesional debe contar con habilitación sanitaria o con la especialidad de Psicología Clínica. Todo profesional colegiado tiene un número visible, y en Cataluña puedes verificarlo en el registro público del Col·legi Oficial de Psicologia de Catalunya. Es una comprobación rápida que ayuda a distinguir entre acompañamiento psicológico no sanitario y atención psicológica sanitaria.
  2. Pregunta por su formación en tu problema concreto, no por su formación en general. No es lo mismo un profesional con recorrido en trastornos de la conducta alimentaria que uno con recorrido en terapia de pareja. Pregunta directamente: ¿qué formación específica tiene en esto? ¿con qué modelo psicoterapéutico trabaja? ¿qué experiencia tiene abordando problemas de este tipo? Un buen profesional responde sin incomodarse, y si el caso no encaja con lo suyo te lo dirá y te derivará.
  3. Que te expliquen el proceso antes de empezar. Tienes derecho a saber en qué va a consistir la terapia, con qué frecuencia serán las sesiones y qué previsión orientativa de duración manejan. Una previsión es una estimación, no una promesa, y quien te dé una cifra cerrada de antemano te está vendiendo algo. Pero quien no sepa darte ninguna referencia tampoco tiene claro el plan.
  4. Acordad cómo vais a saber si está funcionando. Este es el criterio que casi nadie aplica y probablemente el más útil. Antes de empezar, definid juntos qué tendría que cambiar en tu vida diaria para considerar que la terapia avanza, y cada cuánto lo vais a revisar. Sin ese acuerdo es fácil encadenar meses de sesiones que se sienten bien pero no mueven nada. Con él, tanto tú como el profesional tenéis un criterio para reorientar el trabajo o para plantear un cambio de enfoque.
  5. Que haya trabajo fuera de la sesión. El cambio tiene que notarse en tu vida, no solo en la consulta. Pregunta si vas a llevarte indicaciones, ejercicios o tareas entre sesiones. No es imprescindible en todos los enfoques, pero sí es una buena señal de que el trabajo está orientado a que puedas sostenerlo tú por tu cuenta cuando la terapia termine.

Dos señales para estar atento

Ninguna de estas dos cosas descalifica por sí sola a un profesional, pero conviene que te hagan preguntar:

  • Que después de varios meses no sepas explicar qué estáis trabajando ni hacia dónde vais.
  • Que la terapia se haya convertido en el único sitio donde puedes sostener lo que te pasa. El objetivo de un proceso terapéutico es que puedas prescindir de él.

El psicólogo de cabecera o de familia

Karl Popper decía que la vida es un continuo solucionar problemas. A lo largo de ella nos vamos a encontrar con dificultades y conflictos que nos costará resolver, o sobre los que simplemente querremos saber qué opina alguien con criterio.

¿Quién no pasará por un proceso de duelo, por una crisis o una ruptura de pareja? ¿Quién no podrá padecer alguna vez ansiedad o depresión, dificultades con la alimentación u obsesiones? ¿Qué padre o madre no tendrá dudas en la educación de sus hijos y en la relación con ellos?

Tenemos asumido acudir al médico de cabecera ante una molestia, sin esperar a que sea grave. Con la psicología seguimos funcionando al revés: se consulta cuando el problema ya está instalado y ha costado meses o años pedir ayuda.

Un psicólogo de referencia al que poder consultar en distintos momentos de la vida cumpliría también una función preventiva. No solo tratar lo que ya duele, sino acompañar los cambios de etapa: la adolescencia de un hijo, una separación, un cambio de trabajo, el cuidado de un familiar mayor, la jubilación. Momentos que no son un trastorno, pero en los que tener con quién pensar cambia mucho las cosas.

Al principio se acudiría con los padres, después uno solo, y en cada visita se saldría con herramientas para afrontar mejor la etapa que viene.

Antes de la primera cita

Si estás valorando empezar terapia, llévate estas cinco preguntas anotadas:

  1. ¿Cuál es su número de colegiado y su habilitación sanitaria?
  2. ¿Qué formación específica tiene en mi problema y con qué modelo trabaja?
  3. ¿Cómo será el proceso y qué duración orientativa manejamos?
  4. ¿Cómo sabremos si está funcionando y cada cuánto lo revisamos?
  5. ¿Voy a trabajar algo entre sesiones?

Con eso ya tienes bastante para decidir con criterio, sea con nosotros o con cualquier otro profesional.

Si además quieres ver cómo trabajo y sobre qué problemas, puedes conocer mi consulta de psicóloga en Barcelona.

Júlia Pascual

Psicóloga sanitaria colegiada nº 16795. Docente, supervisora clínica y coach. Formada en Terapia Breve Estratégica en el Centro di Terapia Strategica de Arezzo, fundado por Giorgio Nardone junto a Paul Watzlawick.